Veremos lo que trae el tiempo

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Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día su hijo le dijo: –»Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo».
Su padre respondió: –»Veremos lo que trae el tiempo…».
A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo de carreras.
El hijo le comentó: –»Papá qué suerte tenemos otro caballo y éste es de raza».
El progenitor respondió: –»Veremos lo que trae el tiempo».
Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.
–»Padre, qué desgracia, me he roto la pierna».
Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
–»Veamos lo que trae el tiempo…».
El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Al leer este cuento me viene a la memoria mi amigo Alejandro. Se había ido a escalar el Mont Blanc con Ángel. Llegaron a la base de la montaña y se dispusieron a dormir unas horas, antes de empezar la escalada. Se echaron con sus sacos de dormir en el suelo, al lado del auto. Se levantaron felices de madrugada para desayunar y para empezar su deporte favorito. Pero no pudieron porque se encontraron el auto con una ventana rota. Los amigos de lo ajeno habían entrado en el coche y le habían desvalijado todo lo que tenían, con todo el material de alta montaña. Todavía recuerdo el mal humor de Alejandro, inolvidable para los que le queríamos de verdad. Sus mini vacaciones truncadas. No podían hacer la escalada porque le habían robado todo el material deportivo, que, por cierto, es bastante caro. Viaje de muchos kilómetros totalmente inútil. Alejandro tenía corazón grande y genio vivo. Los improperios que les dijo a “sus amigos” ladrones son irrepetibles. El enojo era grande. Quizá alguien le tenía que haber dicho, como el campesino chino, “veremos lo que trae el tiempo”.

Al año siguiente, por la misma fecha, Ale se fue de vuelta a su querido Mont Blanc. Siempre había dicho que la montaña le atraía y le recordaba a Dios. También en las largas escaladas en las que hablábamos de lo divino y lo humano, los amigos le habíamos escuchado comentar: “morir en la montaña, no estaría mal, parece que uno está más cerca de Dios”. Esta vez no le robaron, pudo subir a lo más alto del monte, pero nunca bajó. Un accidente de montaña «nos atrapó» a Ale para siempre. Pasan los años y sus restos siguen entre las nieves de los Alpes franceses. Pienso con frecuencia «y ¿si “nuestros amigos” ladrones le hubieran robado ese año?».

Estamos aquí para aprender y, casi siempre enseñan más los contratiempos, las tormentas, que los vientos a favor. Hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno. La vida da muchas vueltas, y su desarrollo es a veces tan paradójico: muchas veces lo que parece malo luego resulta bueno, –y viceversa–, lo que parecía malo se convierte en bueno.
Hay que saber esperar, porque todo es para bien. ¡Cuántas veces los juicios apresurados, impacientes, impiden ver más alto y más lejos!

En muchas ocasiones las desgracias no son desgracias.

Gumersindo Meiriño Fernández

La imagen es de Simón en Pixabay

Lo que pasa, pasar por Algo, también puedes escuchar este audio del autor:

El texto y el audio de Gumersindo nos invita a reflexionar sobre la naturaleza impredecible de la vida y la necesidad de aceptar sus giros con sabiduría, paciencia y confianza, entendiendo que muchas veces las aparentes desgracias pueden tener un propósito más profundo y beneficioso

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