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Un alegato a favor de la disidencia

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Lo puedes escuchar en la voz de Sangye Choetso y Sangye Dorje
Llevo un tiempo analizando las múltiples opiniones que pululan por las redes sociales desde el inicio de la pandemia. No hay en mi ninguna intención de “atacar” a un grupo determinado con el que pueda no estar de acuerdo.
¡Bastante tengo para encontrar un acuerdo ecuánime conmigo mismo!
Conciliar la razón y la emoción no es tarea fácil, lo admito. ¡Pero es una labor inmensamente liberadora! Pero tras tanta batalla verbal, miedos y “caída libre” de la libertad de expresión quiero romper una lanza a favor de la “disidencia”. Si se prohíbe a los disidentes a que expresen sus opiniones el estado, nación (o sistema político) que permita tal prohibición es simple y llanamente una DICTADURA.
¿Qué es una Dictadura?
Y vamos a definir que es una dictadura: Es un sistema de gobierno o régimen gubernamental donde todos los poderes del Estado se concentran en un individuo, un grupo de individuos o un partido o partidos consensuados que no permiten la oposición o disidencia a sus acciones y a sus ideas, tiene poder y autoridad absolutos con el control de los medios de comunicación y medios de influencia sociales. Por eso no permite la “disidencia”, es decir, el desacuerdo o disconformidad de alguien respecto de las doctrinas, creencias, sistema o “verdades” que sostiene el partido, la religión, el colectivo ideológico, sanitario o político al que de una u otra forma pertenece… “o se ha visto obligado a pertenecer”. Pero ¡cuidado! Muchos disidentes de antaño son dictadores hogaño. ¡Es el Ego Dictador que unido a otros “egos” oscurecidos crean realidades colectivas que condicionan eficazmente las mentes de una humanidad sumida en la complacencia y la desidia! Y no me estoy posicionando en un bando “dual” de izquierdas o derechas. ¡Ese es un nudo gordiano eterno que nada va a cambiar!
Vaciarnos
Apelo a meditar, «vaciarnos» de prejuicios y a reflexionar. Luego puede que llegue la acción «proactiva».
Nos olvidamos de que los “disidentes” de antaño han sufrido en sus carnes los ataques de los “dictadores” del “statu quo” de su momento: Sócrates, Cristo, Servet, Galileo Galilei, Martin Luther King Jr, Mandela, los judíos, los homosexuales… podríamos elaborar una lista infinita de “mártires disidentes” que hoy son héroes redimidos. Pero a los disidentes de hoy se les prohíbe el sagrado derecho de expresar las ideas (aunque sean radicales), a debatir con los opositores de forma libre y pública sus razonamientos y creencias.
Y no es “algo del pasado” sino que a los disidentes actuales (“locos, iluminados, necios o sabios”, ¡qué más da!) se les silencia sistemáticamente sin darles el derecho a expresar lo que profesan, y lo que es peor, a darnos al resto de los humanos la oportunidad de escuchar, analizar y decidir de forma madura y libre lo que niegan los “ortodoxos” y lo que defienden los “heterodoxos”, en una reflexión ecuánime y no condicionada por intereses y fuerzas que pervierten el sagrado nombre de la Democracia y de la misma Razón. ¡La Historia la reescriben los “vencedores” con la opresión y la propaganda masiva e invasiva… no con la razón!
Hoy ya no hay un único Dictador (o tal vez sí, según como lo contemplemos de forma “disidente”), sino “múltiples dictadorcillos amparados en sus ordenadores, despachos o que tras los visillos de sus ventanas acusan, sentencian y difaman” a los que piensan o actúan de forma distinta. No se dan cuenta que muchos de esos “herejes” pueden ser los libertadores de la esclavitud a la que por miedo se han entregado. ¡Gran visionario George Orwell!
La complacencia con el opresor es una falsa sensación de libertad.
Y peor aún, puede convertirnos en los “capos” o “vigilantes” de nuestros vecinos y ciudadanos. Nos “autoesclavizamos” a través del miedo. ¡El “miedo a la libertad” de Fromm, más actual que nunca!
Yo quiero escuchar a Andreas Kalcker sin que lo eliminen de Youtube, a la Dra. Natalia Prego Cancelo, al Dr. Zev Zelenko, al Premio Nobel Michael Levitt, al Dr. Jeffrey Barke, a la Dra. J. Mikovits, a Pamiês, a los pro-vacunas y a los anti-vacunas, a la OMS, al Ministerio de Sanidad de cualquier país o al mismo “demonio” si hace falta… pero quiero escucharlos con libertad y que me dejen analizar, disentir, pensar y decidir por mí mismo.
No necesito “palmeros” de mis creencias ni “verdugos” de mis disidencias. Sólo pido libertad de ser, estar, expresar, escuchar y decidir. Así de simple.
Buda dijo: “En el cielo no hay distinciones entre este y oeste, son las personas quienes crean esas distinciones en su mente y luego piensan que son verdad. La reflexión es el camino hacia la inmortalidad; la falta de reflexión, el camino hacia la muerte”.
Sangye Dorje – Javier Akerman
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