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El miedo es aburrido

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el miedo es aburrido

Foto M. José Lencina

El lunes abrí mi agenda para mirar todo lo que tenía pendiente de la semana sólo para encontrarme con una frase grande que decía “El miedo es aburrido”, ésta fue escrita por Elizabeth Gilbert la autora de Comer, rezar, amar. Fue entonces cuando me pregunté cómo querría ella que yo interpretase éste mensaje en este preciso momento, y sin dudar, le pedí a Gumersindo Meiriño, hombre inmenso para mí en mi búsqueda espiritual, si podía escribir sobre el Miedo y su gran opuesto: el Amor. Indudablemente ambos van de la mano.  Se me vinieron a la mente infinidad de situaciones o cosas que provocamos o hacemos las personas en nombre de uno u otro sentimiento.

El Amor y el Temor ponen algo en marcha, con ellos ya estamos en el camino hacia lo uno o hacia lo otro. Cada vez que pienso algo con Amor siento como si tuviera alas para volar, pero cuando le permito al Temor que visite mi mente, ésta paraliza mi impulso a tal punto de sentir que aquello que más temo llega como si secretamente lo deseara.

Si me paro en el Amor, la vida cotidiana se vuelve simplemente “MAGIA”, ya me lo dijo mi directora espiritual María Benetti Meiriño  bajo un árbol una vez: “si hay belleza, hay armonía;  si hay armonía, hay amor; y el amor todo lo puede y todo lo comprende”.  Y pensando en esto, se me presenta la imagen de “Celeste”, mi ahijada de 11 meses, intentando caminar una y otra vez: cuando cae al piso varias veces, en alguna de ellas se lastima, pero aun así no se deja amedrentar por el miedo. Y entonces reflexiono que si lo hiciera no caminaría, Celeste se arriesga en su profundo Amor por descubrir la vida…

Ahora bien, si me detengo en el Temor, se me vienen imágenes de lo que los adultos ya más “cautelosos” dejamos de hacer por el sólo hecho de cuidarnos, a tal punto, que muchas veces quedamos paralizados. Si será antagónica ésta posición respecto a la Vida, que siempre implica cambios y movimientos. Queremos luchar contra el miedo, cuando lo mejor es simplemente reconocerlo en nosotros, aceptarlo tal como es para luego integrarlo entendiendo que es algo humano.

Tememos lo que más deseamos: nos da miedo brillar, lograr los anhelos más profundos del corazón, destacarnos en algo que nos apasiona hacer o simplemente nos da miedo SER.

Cada vez que sientas que este sentimiento tiene lugar en vos, busca un espacio en la naturaleza para sentarte y pídele al Espíritu Santo que vive adentro tuyo, que busca siempre tu bien mayor, que su luz poderosa y omnipresente te ilumine y te conduzca sólo por caminos de bien, comprensión y amor incondicional.

Y para terminar, comparto con alegría la siguiente oración que rezo para liberarme de los miedos:

Ven Espíritu Santo. Hoy quiero entregarte hasta el último día de mi vida. Quiero caminar por tu divina luz, para saber adónde voy. No quiero obsesionarme por el futuro. Y por eso, prefiero entregarlo en tu presencia y dejarme llevar por tu impulso.
Espíritu Santo sana mis miedos, para que pueda confiar en tu auxilio y me deje guiar siempre.
Tú que sabes lo que más me conviene, oriéntame, condúceme cada día, y protégeme de todo mal.
Ven Espíritu Santo y toma mi futuro. Amén.  (Oración adaptada del Padre Luis Vacas).

María José Lencina Artigas, TMEC
Corrección y edición: Prof. Diana Dumullar

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